Aquí te comparto un pedacito…desde pequeña, fui considerada una “niña problema”. Con un temperamento fuerte y una mente inquieta, a menudo me etiquetaban en lugar de comprenderme. Lo que realmente sucedía es que no tenía la guía adecuada para manejar mis emociones y canalizar mi inteligencia. Esas experiencias me marcaron profundamente, y desde entonces supe que quería dedicar mi vida a apoyar a niños que, como yo, solo necesitan ser comprendidos.
A lo largo de los años, mi resiliencia y tenacidad me ayudaron a superar esas etiquetas y a seguir adelante con mi propósito: estudiar psicología para dar a los niños las herramientas que yo no tuve. Hoy sé que esta es mi verdadera vocación, y mi misión es ayudarles a gestionar sus emociones, aumentar su autoestima y crecer con confianza. Porque cada niño tiene un potencial enorme, solo necesita ser visto y apoyado correctamente.
